Esa fue la última vez que escribí unas líneas para ti, esas que seguramente no leíste y que ignoraste por orgullo, o sabrá Dios por qué. Tal vez estas tampoco sean las últimas líneas que hablen de ti y que quizá tampoco llegues a leer. Es que a veces es preciso sacarlas para que no duelan en el alma, ese lugar donde no sabemos y que guarda tanto.
Te cuento que, siempre que pienso intento entender hasta que caigo en cuenta que no hay nada más que hacer sino dejar que el tiempo pase y que todo fluya. Que pase lo que tenga que pasar y que deje de ocurrir lo que Dios decida sea mejor. Lo cierto del caso es que no encuentro explicaciones a tanto, que con el pasar del tiempo es tan poco, pero eterno a la vez.
Has descontrolado mis patrones y te has calado como nadie en cada parte de mi, te ha de sonar exagerado, imposible o absurdo pero cada que intento olvidar y pasar página, reapareces como si no ha pasado nada. No quiero entrometerme de tal manera en tu vida que no puedas respirar. Quiero que lo mejor te ocurra y que tu felicidad me haga feliz. Es inevitable que tu tristeza también me afecte. Que si pensamos una vez encontrarnos que sea solo por una vez y no para siempre. Que nos quede por lo menos el recuerdo de que logramos hacerlo por un tiempo cortito que será suficiente.
Y a este punto del escrito no puedo evitar que corran pequeñas lágrimas de nostalgia por lo difícil que ha sido acepta que la distancia nos ha separado, la nostalgia de pensar que el destino no lo podemos cambiar si ambas partes no están de acuerdo. Te recuerdo siempre.
Mis disculpas otra vez por decir cosas que seguramente no debo, pero es que si no o hago siento que me ahogo.

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