Vienes aquí como si te necesitara, desesperádamente invades todos los rincones de mi alma... que todavía no sabe a dónde ir, que no tiene un rumbo fijo y no se ha propuesto normas y condiciones. Revuelves pensamientos, palabras, sentimientos, emociones e impulsos sin considerar en las consecuencias, continúas hasta el punto de confundir a mi frágil cerebro y no das espacio a consideraciones.Desequilibras y separas a la razón del corazón y descontroládamente éste cuerpo intenta improvisar guiándose por impulsos que no están completamente claros propensos a estrellarse, logrando noquearlo y desviarlo de la realidad. Hasta que la realidad toca a mi puerta, sacudiendo y estremeciendo de mi hasta el último milímetro de cabello.
Logro escapar victoriosa y camino con un diminuto hueco en el alma que no tiene descripción pero desde allí la sensibilidad aumenta y la rudeza se agiganta hasta crear una gran capa protectora.
Luego de toda esta confusión, después de la cicatrización de ese pequeño hueco vuelvo a ser yo en todo mi esplendor... parece que no ha pasado nada... Hasta que regresan imágenes en forma de película una tras otra recorriendo mi mente con la finalidad de atormentarme para tal vez recordarme "este es el motivo de tu fortaleza" y poco a poco los recuerdos pesan menos hasta desaparecer.
Otra historia, otra piedra en que tropezar para encariñarse y se repite la misma historia, solo que esta vez la piedra es diferente. Así monótonamente cada caída es motivo de gracia, aprendizaje y mucha más fortaleza.
En ocasiones se intensifica ese deseo de gritar hasta sacar lo más profundo de esas emociones reprimidas, no se puede... frustración.
Esa alma soñadora hasta ahora puede tomar las adversidades y situaciones de manera literal y transformarla observando lo que podría llamarse positivo y que a su vez se convierte en aprendizaje.
Debra, B.
Debra, B.
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